En el mes de la Pachamama, las mujeres de Kollasullu (región ancestral andina) estuvieron en Córdoba y marcharon este miércoles junto a compañeras locales en defensa del territorio. Su paso por la ciudad visibilizó cómo se entrelazan las luchas ambientales, indígenas y feministas. La Caminata de Warmis inició en la Puna jujeña y llegó ayer a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde buscan presentar sus reclamos ante las autoridades federales frente al avance de la explotación de los recursos naturales.
Foto de: Amancay Rigert. En defensa de la vida.
Eran las cuatro de la tarde en Córdoba, un día con temperaturas primaverales, cuando me dirigí a tomar el colectivo para ir al barrio céntrico de Alberdi. Llegué a la Feria Agroecológica con mi cámara a la espalda y mi cuaderno en la mochila. Me encontré con algunos feriantes armando sus puestos, pero no había ningún indicio de una movilización. Afiné mis oídos para escuchar los tambores, pero no tuve éxito. Me acordé de que en el flyer decía que el recorrido era desde la Casa Jujuy hasta la Plaza Kamichingona. El nombre no figuraba en Google Maps y creí que ya no las localizaría, hasta que noté que se referían a la Plaza Colón. No pude evitar pensar lo paradójico que resulta que, aún en la actualidad, un espacio público lleve el nombre de una figura vinculada a la colonización.
Agarré rumbo hacia la Plaza Kamichingona. Allí las encontré firmes y alegres, con tambores, wiphalas, banderas y sikus (una flauta andina formada por varios tubos de caña de diferentes longitudes) en mano. Eran aproximadamente cincuenta, entre ellas abuelas, madres, hijas y mujeres de todas las edades, formas y colores. Todas compartían una misma lucha: defender a la Pachamama. A su alrededor, la gente parecía seguir con su rutina cotidiana, mientras que algunas miradas curiosas se posaban sobre los cuerpos movilizados.
La segunda Caminata de Warmis llegó este martes a Córdoba y ese mismo día las integrantes participaron de un conversatorio en el Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (CISPREN). Las mujeres comenzaron a caminar el 3 de agosto desde la Rinconada, en la Puna jujeña, con el objetivo de llegar el 30 del mismo mes a Buenos Aires. Buscan demandar ante las autoridades nacionales la defensa de las cuencas de agua dulce y la protección de la biodiversidad, exigir el cumplimiento de los derechos de los pueblos indígenas y expresar su rechazo a la contaminación minera.
Entre estos reclamos se encuentra la restitución del artículo 2 de la Ley 26.160, que disponía la suspensión de los desalojos de tierras tradicionalmente ocupadas por comunidades indígenas, una medida que fue dejada sin efecto en 2024 con el Decreto 1083/2024. También plantean la necesidad de respetar el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que protege los derechos de los pueblos originarios sobre los recursos naturales de sus territorios y establece su consulta antes de autorizar actividades de explotación que puedan afectarlos.
Esta movilización se inscribe en un contexto de creciente tensión política en el país, marcado en los últimos meses por diversos operativos de desalojo de comunidades en la Patagonia, Misiones y Jujuy. La iniciativa es colectiva y autogestiva. A su paso por las distintas provincias, se fueron uniendo más compañeras. La jornada del miércoles en Córdoba fue impulsada por las Mujeres del Kollasullu y contó con el apoyo local de El Malon Vive, la Feria Agroecológica y el Centro Vecinal de Alberdi y el Instituto de Culturas Aborígenes, entre otros grupos y organizaciones.
Foto de: Amancay Rigert. Plaza Kamichingona.
Retomando el recorrido, nos dirigimos hacia la feria, ubicada cerca del río Suquía y de la Casona de la comunidad de El Pueblo de la Toma, un espacio recuperado que aún no ha sido restituido legalmente y que alberga a la Tacu, un algarrobal de más de 600 años. Mientras caminaba, recordaba que estábamos sobre territorio comechingón, atravesado por una larga historia de despojo y expropiación.
Florencia Solís, una de las principales impulsoras de la movilización, sostenía junto a Pankarita Urzagasti, cocinera indígena, y Mariel Maldonado, joven capitalina jujeña, la bandera de “Caminata de Mujeres en Defensa de la Pachamama”. Florencia alzaba con la otra mano la bandera andina y la argentina. Ellas se trasladaron, de una forma sutil pero decidida, de la vereda a la calle. Cuando me di cuenta, estábamos todas juntas avanzando sobre la Avenida Colón. Solís daba pasos firmes y seguros, y su mirada vislumbraba un largo camino recorrido. Se escuchaban cantos y consignas como “El pueblo pertenece a la tierra y la tierra al pueblo” y “El agua no se vende, se defiende”. La música de los tambores y de las flautas acompañaba el caminar y contrastaba con el ruido de las motos y de los bocinazos. El humo de los sahumos se mezclaba con el de los vehículos que circulaban a nuestro alrededor. Un motociclista enojado gritó “aguante Milei”, pero el paso no se detuvo.
En la entrada, una extensa wiphala elevada las recibió para que pudieran pasar por debajo y entrar al espacio. Luego de su llegada, se dio inicio a una radio abierta. Florencia, oriunda de la zona de los Pozuelos, sostuvo que en Jujuy “las grandes corporaciones están entrando en la Puna” y que la laguna está contaminada. Según informa la Administración de Parques Nacionales, este Monumento Natural abarca unas 16.000 hectáreas, alberga a 130 especies de aves y conserva humedales considerados de importancia internacional. Este sistema hídrico también fue declarado Reserva de Biosfera por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). La warmi (mujer en quechua) explicó que vinieron a traer el mensaje de que “se respeten los derechos de la Pachamama”. Ella también expresó su agradecimiento por las hermanas comechingonas que las hospedaron y les compartieron comida.
Lorena Sagas, proveniente de Tucumán, contó cómo se unió a la lucha para aprender de las abuelas que vienen caminando hace más de 10 años. Comentó que algunas personas le preguntaban por qué se había adherido si es de otra provincia, a lo que respondía que “la tierra y el agua son de todos”. A su vez, informó que “170 emprendimientos mineros explotan a las Apus, a las montañas sagradas”. También compartió que tuvieron la iniciativa de ir a los Pozuelos para ver su estado, ya que en los últimos tiempos había bajado marcadamente su nivel de agua, pero los guardaparques no las dejaron acceder. “La laguna murió, está seca”, señaló Florencia con una marcada tristeza en su rostro.
“Vamos a seguir caminando hasta que respeten las leyes que ya están escritas”, aseguró Lorena.
Foto de: Amancay Rigert. Wiphala en alto.
Por su parte, Pankarita Urzagasti, perteneciente a la nación Kolla y radicada en Córdoba, sostuvo que los saberes ancestrales se llevan en el cuerpo y que la urbanidad no detiene este vínculo. Como integrante de Comadres.cba, grupo de cocineras populares, relató que recibió este rol de sus abuelas y que cocinar es político. “Somos cuerpos preexistentes y que existimos”, resaltó, y afirmó que las mujeres indígenas ya están presentes. También reconoció la necesidad de organizarse para unificar las luchas: “Necesitamos voltear a este gobierno que nos está atacando”. Florencia tomó la palabra y agregó, sin perder de vista el horizonte, que la tarea como defensoras de la tierra y de la vida es ardua, pero que “hay que caminar con esperanza”.
Posteriormente, las copleras pasaron al escenario con los tambores en mano. “Hermanas, nosotras hablamos en coplas”, expresaron. Sus cantos, dedicados al agua, la tierra y la Pachamama, abrazaron la lucha desde la sensibilidad de la expresión artística, cargada de emoción, historia y memoria. Se me erizó la piel cuando escuché: “Pachamama, te pido perdón por no poderte cuidar”. Varias espectadoras, conmovidas, se sumaron con sus voces.
Foto de: Amancay Rigert. Coplas del corazón.
La jornada finalizó con la obra ¿Dónde estoy?, de Las Equis, quienes entraron en escena vestidas completamente de negro. Una mujer enterrada revivió y gritó por todas las desaparecidas. “¿Por qué me secuestraste? Por ser negra, por ser india, por ser mujer, ¿dónde está Delicia?“, preguntó desesperadamente. Delicia Mamaní es una joven de origen boliviano de raíces quechuas que está desaparecida en Córdoba desde el 21 de noviembre de 2025. Tras la organización de familiares y allegados, el 13 de agosto, la Fiscalía Federal inició una investigación penal bajo la hipótesis de trata de personas. Su nombre, pronunciado en escena, trajo al presente una búsqueda que continúa. La voz de la actriz se convirtió en la de tantas mujeres atravesadas por el racismo, el sexismo, el despojo y la violencia.




0 comentarios