La economía popular sostiene a más de un cuarto de la población cordobesa. En un contexto de crisis económica y relaciones laborales inestables, las ferias se convierten en espacios de trabajo y lucha.

Foto de : Amancay Rigert, La feria Transfeminista un espacio de resistencia económica y política.
Rebuscársela pasó a ser una experiencia compartida para miles de personas en Córdoba, ya sea a través de changas o de emprendimientos. Según los informes del programa ImpaCT.AR, financiado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), estas formas de subsistencia integran lo que se conoce como economía popular: un conjunto de actividades laborales que generan ingresos por fuera del empleo asalariado formal. Entre ellas se encuentran los trabajos comunitarios, las cooperativas y las ferias, que funcionan como espacios de producción, encuentro y organización colectiva.
En el relevamiento del CONICET “Dinámica y problemáticas del sector de la economía popular: un análisis interdisciplinario desde la Provincia de Córdoba”, realizado en 2025, el equipo de investigación explica que la economía popular ocupa un lugar central en la estructura social y laboral cordobesa. El sector alcanza al 27,6 % de la población económicamente activa de la provincia y constituye la principal fuente de sustento para hogares donde reside el 37 % de los habitantes.
En este contexto, las ferias populares se consolidan como una de las expresiones más concretas de este sector. En el campus de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) existen actualmente más de cuatro iniciativas con distintas propuestas y formas de organización que comparten un mismo objetivo: generar alternativas de trabajo.
El lado B de la economía
Cada sábado, desde las 9 hasta las 14 horas en Ciudad Universitaria, conviven dos ferias populares: la Agroecológica y la Brotes.
La Feria Agroecológica dispone de aproximadamente 50 puestos que ofrecen frutas, verduras, cosmética natural, fermentos, productos de limpieza biodegradables, entre otros. Esta iniciativa se sostiene ya hace más de 14 años y cuenta con un importante número de clientes de larga data. La organización se gestiona a través de asambleas internas; allí se toman las decisiones y se revisan las nuevas propuestas.
Jorge Palacios, feriante y organizador, expresa que actualmente están trabajando en un convenio con la UNC para poder tener acceso a los baños y un espacio de almacenamiento para los equipos de sonido. Molino del Dragón es su emprendimiento familiar, donde producen harinas agroecológicas y también revenden materias primas. Antes de formar parte de la feria, se dedicaba de manera independiente a la “construcción natural”, pero durante la pandemia el trabajo con el molino se volvió su actividad central.
“Lo lindo de las ferias populares es el intercambio con los clientes: no son solo espacios de venta y compra, sino que también son espacios de construcción de saberes”, explica.

Foto de : Amancay Rigert, Agroecología en movimiento: feriantes en acción.
Además de los puestos de venta, la feria ofrece shows musicales y teatrales de artistas independientes. También cede el micrófono a causas actuales, como el genocidio de Palestina y el rechazo a la modificación de la Ley de Glaciares en Argentina. «La Feria no tiene una postura política partidaria, pero sí toma una posición a la hora de apoyar causas ambientales, la justicia social y todo lo que se relaciona con el cuidado del medioambiente», indica Jorge. A su vez, sostiene que vender y consumir productos agroecológicos también es una decisión política.
«Es lindo habitar el espacio más allá de las ventas, interactuar y alimentar la vitalidad», comparte Carolina Rocío Tarantino, estudiante de danza. Ella vende quesos fermentados a base de semillas y frutos secos. Arrancó su emprendimiento, Alimento Konoha, de forma virtual y pasó de ser clienta a ser feriante. Actualmente, está terminando sus estudios universitarios y cuenta con el apoyo de su padre para cubrir los gastos mensuales. Al referirse a las ventas, Carolina explica que “la situación está re difícil. Yo pensaba que era por el verano, pero ahora estamos con cuello polar y seguimos en la misma”.
“Las ventas en general son muy inestables”, afirman Brenda Isisdori y Fidel Lihuen, vendedores de frutas agroecológicas. La feriante comenta que, aparte de las ventas, también trabaja en otros rubros. Por su parte, Fidel se acercó a la agroecología como consumidor y comenzó a vender en 2019. Ahora trabaja en la feria de Córdoba, donde comercializa principalmente frutas provenientes de otras provincias y realiza ventas por encargo en el Valle de Paravachasca. Él expresa que “la gente consume mucho menos y cuida el bolsillo mucho más”. Ambos reconocen la importancia de que “el consumidor pueda saber de dónde viene lo que come”.
La gestión de reciclables es otra de las iniciativas impulsadas por la feria para promover la sostenibilidad y el cuidado del medio ambiente. A través de la compra de una bolsa, las personas pueden acceder al servicio de retiro domiciliario de residuos secos como plástico, vidrio, papel y cartón. Matías Isaac Aguirre se dedica desde hace 4 años al proyecto RESSET y hoy es su principal fuente de ingresos:
“Me alcanza para llegar a fin de mes, pero trabajo 24/7”.

Foto de : Amancay Rigert, Música y baile en la Feria Agroecológica.
A pocos metros de este espacio, al lado del Campus Virtual de la UNC, funciona la Feria Brotes, que reúne propuestas autogestivas de distintos rubros. Lo que comenzó hace poco más de cinco años, con apenas cinco o seis puestos, hoy nuclea entre 60 y 70 emprendimientos. Desde la organización señalan que, frente a la crisis, “las personas necesitan una segunda salida económica”. Esto se refleja en las convocatorias para nuevos feriantes, donde cada edición recibe entre 40 y 50 postulaciones, una cifra que continúa en aumento.
Noelia Nadales es feriante en Brotes hace cuatro años, tiene su propia editorial autogestiva de cuadernos y libros de selección propia y, además, participa de la feria transfeminista. Asegura que no logra cubrir sus gastos mensuales: “Vivo con esto y está cada vez más difícil, pero es mi único ingreso”. Para ella, estas iniciativas representan una oportunidad para quienes “quedamos en los márgenes”.
Una experiencia distinta es la de Juan Ignacio Manresa, quien elabora extractos de plantas y hongos. Llegó a Brotes por recomendación de otros artesanos y hoy combina este espacio con otras ferias de temporada. Él sostiene que ser emprendedor “es una manera de vivir”, que le permitió tomar sus propias decisiones. Explica que estaba cansado de un trabajo formal y que, al ser autogestivo, puede organizarse mejor para pasar más tiempo con su familia.
“Es importante el vínculo directo con quienes consumen los productos”, destaca Patricia Isabel Groeting. Dagan Bakery , su emprendimiento de panadería y pastelería de fermentación con masa madre, nació durante la pandemia, realizando entregas a domicilio. Hoy forma parte de Brotes, actividad que combina con su trabajo como traductora de inglés. Asegura que, pese a las dificultades económicas, logró construir una clientela estable.
Estos testimonios reflejan una problemática vigente: cada vez más personas tienen dificultades para cubrir los gastos mensuales, sostienen varios trabajos y realizan jornadas laborales más extensas. Retomando el informe sobre la economía popular del CONICET, las estadísticas revelan que el 60 % de las y los cordobeses realiza dos o más actividades de manera simultánea o alternada para generar ingresos. Asimismo, los datos muestran que el 73 % de los trabajadores están sobreocupados, es decir, trabajan por encima de las 8 horas. En este contexto, marcado por la precarización y la necesidad de diversificar ingresos, las ferias populares se presentan como una alternativa para quienes encuentran dificultades dentro del mercado laboral:
“Somos como el lado B de la economía, porque no estamos formalizados”, sostienen desde la organización de Brotes.
Ser tu propia jefa
La Feria Transfeminista nació en 2017 como una respuesta a la necesidad de generar trabajo; desde entonces, se constituyó como un “espacio de lucha y de contención”. Se realiza mensualmente en la Plaza Seca de la UNC y ya lleva 77 ediciones. En ella se comercializan comida, ropa, velas, libros, cuadros, cerámica y una amplia variedad de productos.
El acceso a la feria se gestiona a través de un grupo cerrado de Facebook, concebido como una bolsa de trabajo a la que se ingresa por invitación y con el aval de alguno de sus integrantes. La venta y el armado de los puestos están reservados para mujeres y personas trans. Desde la feria se declara como un espacio transfeminista, antifascista y antineoliberal. A su vez, sostienen:
“No existe feminismo sin las travas y los travos”.
Durante las jornadas, mantienen una política de micrófono abierto para visibilizar luchas afines. Las intervenciones suelen surgir de manera espontánea con personas que frecuentan el espacio. También se presentan profesionales que se expresan en defensa de derechos sociales y ambientales. Desde la radio abierta, moderada por Carla Ferreyra, alias La Bardo, se difunden temáticas actuales, como la modificación de la Ley de Glaciares y las economías travas.
“Creemos que existe una transfeminización de la pobreza”, afirma Candela Arrieta, organizadora de la feria. Para ella, las mujeres y las disidencias no solo encuentran más obstáculos para acceder al trabajo registrado, sino que además muchas maternan y tienen personas a cargo. “A la mayoría de los varones no les pasa esto, siempre caen sobre nosotres los trabajos de cuidado y limpieza, que también son los peores pagos”, agrega.
Los datos oficiales de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, correspondientes al segundo trimestre de 2025, respaldan este diagnóstico: la tasa de empleo de las mujeres alcanzó el 47,6 %, frente al 64,9 % de los varones. A su vez, la desocupación femenina se ubicó en un 8,5 %, por encima del 6,8 % registrado entre los hombres. Asimismo, el Informe Técnico N°2 de la economía popular en la provincia de Córdoba (2025) muestra que más de la mitad de las mujeres trabaja desde su vivienda, una proporción que duplica a la de los varones. En muchos casos, el hogar funciona simultáneamente como espacio de producción, gestión y cuidado.

Foto de : Amancay Rigert, Los puestos de la edición 66 de la feria Transfeminista.
Frente a las dificultades que impone el contexto económico actual, la Feria Transfeminista busca construir otras formas de sostenimiento colectivo. Candela Arrieta comunica que, desde la organización, empatizan con la “batalla cotidiana” que vive cada feriante y aseguran que nunca expulsaron a nadie por no poder pagar el puesto. Ella forma parte de la gestión del espacio desde hace más de un año y acompaña el proyecto desde su segunda edición. Es artesana e hija de artesanos y actualmente tiene, junto a su madre, un puesto de gastronomía. La feriante cuenta que es necesario posicionarse políticamente y no reproducir las mismas lógicas discriminatorias del mercado. Con este criterio, la feria reúne tanto productos artesanales como de reventa y se propone ser un lugar de acogida para quienes quedan por fuera del mercado laboral formal.
Esta postura también se refleja en la variedad de propuestas que ofrece el espacio. En el caso de la vestimenta, reconocen como una condición necesaria la inclusión de diversidad de medidas. La organizadora aclara: “Queremos que los cuerpos gordos vayan y se puedan vestir”. En Argentina, actualmente rige la Ley Nacional N° 27.521, sancionada en 2019, que creó el Sistema Único Normalizado de Identificación de Talles de Indumentaria (SUNITI). La normativa buscó unificar los talles a partir de proporciones corporales reales, pero al no exigir a los comercios ofrecer todos los tamaños, la problemática sigue estando vigente.
Para Candela, la economía popular, más allá de ser una salida laboral, representa un camino hacia la autonomía y la realización personal. Ella explica que “a muchos les da más satisfacción ganarse el mango haciendo gorritos de crochet y no estar laburando para un gil que te explota”. También agrega que emprender te permite ser tu propia jefa, dueña de tus ideas y de tu tiempo:
“Las mujeres y las disidencias hemos entendido que no queremos dedicar siempre nuestro tiempo a les otres, como sí hacían nuestras madres”.
En este contexto, las ferias populares funcionan como una alternativa económica y, al mismo tiempo, como un espacio que impulsa la autogestión. Frente a una mirada que muchas veces reduce las changas a trabajos de menor valor, quienes forman parte de la economía popular reivindican estas actividades. Detrás de cada puesto hay creatividad, lucha y una estrategia para hacer frente a una crisis que atraviesa a toda la sociedad.
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