Autoras: Ayelén Villarroel y Martina Báez
El 11 de octubre de 2023 se realizó en la ciudad de Córdoba una movilización convocada por el Instituto de Culturas Aborígenes (ICA), que reunió a organizaciones de pueblos originarios, comunidades afrodescendientes y colectivos sociales. La actividad comenzó con una concentración en el Monumento al Sol (Boulevard San Juan e Hipólito Yrigoyen), continuó con una marcha hacia la Plaza de la Intendencia y finalizó con un festival cultural en el Museo de la Cervecería, en barrio Alberdi.
Durante la jornada se conmemoró el “Último día de libertad de los pueblos originarios”, una fecha que distintas organizaciones reivindican como Contrafestejo en oposición a la celebración histórica del 12 de octubre, hoy conocido como el Día del Respeto a la Diversidad Cultural. Gerónima Martínez, directora y fundadora del ICA, afirmó que la marcha tiene como objetivo “visibilizar las luchas y resistencias indígenas y negras, en una ciudad que festejaba los 500 años de la conquista europea y negaba la presencia originaria en el territorio”. En ese marco, la jornada también sirvió para expresar el apoyo a los reclamos vigentes de distintas comunidades indígenas del país, que siguen atravesando conflictos vinculados con el reconocimiento de sus derechos y sus territorios.
La consigna principal fue “Arriba las Whipalas, abajo la reforma”, un acto de solidaridad con los más de 12 pueblos nación de Jujuy que rechazaron la reforma parcial de la Constitución provincial, aprobada en junio de 2023 e impulsada por el entonces gobernador Gerardo Morales. Las comunidades indígenas denunciaron que la modificación desconocía los derechos consagrados en la Constitución Nacional y vulneraba los convenios internacionales en apoyo a los pueblos originarios. Las respuestas del Estado Nacional, la Corte Suprema de Justicia y el Gobierno de Jujuy estuvieron marcadas por el racismo, la represión y, en algunos casos, la persecución judicial y mediática.

En la marcha participaron varias comunidades de la región de Abya Yala, nombre con el que distintos pueblos indígenas reconocen al continente americano. Asimismo, se hicieron presentes diversas banderas que representan a la comunidad afrodescendiente, mapuche y, en particular, la bandera wiphala.

El 12 de octubre de 1992 nació el ICA, el organizador de la marcha. Esta institución educativa promueve una perspectiva crítica en relación con los procesos de lucha y resistencia de los pueblos indígenas.

Durante el acto inicial, se hizo mención al Tercer Malón de la Paz, movimiento conformado por más de 400 comunidades indígenas que reclamaron la nulidad de la reforma constitucional de Jujuy impulsada por Gerardo Morales, además de exigir el reconocimiento de sus derechos territoriales y la protección de la propiedad comunitaria.

Durante la movilización se cantó: “Acá estamos resistiendo, nunca nos fuimos. No somos pasado, somos presente”.

Una de las manifestantes participó de la marcha rindiendo homenaje a su abuela y expresó: “Estoy marchando por ella”.

Durante la marcha, también se abordaron diversas problemáticas, entre ellas las medioambientales, con un énfasis en los incendios ocurridos en Córdoba y que afectaron a más de 7.600 hectáreas de la provincia.

“En este mundo embustero, señores, no hay que dudar; al más ligero descuido, nos roban la libertad. Dicen que mi raza se ha muerto, yo digo que no es verdad; si esto estuviera ocurriendo, no estaría marchando acá”. Fragmento extraído del cancionero distribuido durante la marcha.

Al llegar a la Plaza de la Intendencia, una de las manifestantes fue agredida verbalmente por uno de los participantes de la Feria del Libro. Este individuo también acosó a varios miembros de la movilización. Posteriormente, distorsionó los acontecimientos delante de la policía, afirmando que había sido agredido físicamente. En respuesta, el ICA emitió un comunicado en el que describió los incidentes y cuestionó la respuesta institucional frente a la situación.

Entre los símbolos presentes durante la marcha se identificaron algunos pañuelos de «Ni una menos», que vinculaban las demandas indígenas con las luchas feministas.

Las jóvenes rindieron homenaje a sus familiares utilizando una técnica de bordado que une sus historias con hilo. Esta práctica es un símbolo de resistencia en movimientos indígenas y feministas. Estas creaciones pueden considerarse obras de arte decorativas, utilitarias, ceremoniales o conceptuales, elaboradas con fibras de origen vegetal y animal.
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