Durante la última dictadura cívico-militar en Argentina, diversos grupos sociales fueron perseguidos por el terrorismo de Estado. Entre ellos, las personas travestis-trans también padecieron detenciones, violencia y persecuciones que durante años permanecieron fuera de los relatos oficiales. Meses antes de su fallecimiento, Fanny del Valle Chamorro nos invitó a compartir su historia. En esa entrevista recordó, en primera persona, las violencias que sufrió durante la dictadura.
Foto de : Archivo personal. Fanny y sus compañeras en el velorio de una de sus íntimas amigas.
Bajo el régimen militar, las personas travestis y trans fueron perseguidas, detenidas ilegalmente y sometidas a distintas formas de violencia. Muchas de ellas, fueron trasladadas a centros clandestinos de detención, como el Pozo de Banfield y el Pozo de Quilmes, donde se concentraron numerosos casos que recién fueron tratados en el Tribunal Oral Federal N°1 de La Plata décadas después.
En mayo de 2018, 19 mujeres trans y travestis de Santa Fe fueron reconocidas por la provincia como víctimas de la última dictadura militar, a través de una reparación histórica. La identificación llegó luego de presentar un recurso judicial para ser registradas como presas políticas por su identidad de género. Hasta entonces, no habían sido consideradas como víctimas de terrorismo de Estado, y muchas debieron huir a otras provincias del país. A partir de esto, se sancionó la “Ley de Reparación Histórica para las Sobrevivientes Travesti-Trans PostDictadura”. Se trata de una pensión mensual no contributiva equivalente a dos haberes mínimos, destinada a quienes sufrieron privación de su libertad por parte de las fuerzas de seguridad entre el 10 de diciembre de 1983 y el 10 de junio de 2010.
Fanny del Valle Chamorro fue una referente para la comunidad travesti-trans. Nacida en Santa Fe, vivió también en Buenos Aires hasta establecerse en Córdoba, ciudad donde residió hasta sus últimos días. Su historia estuvo marcada por el compromiso con sus compañeras: denunció las violencias que atravesaban, dio testimonio en distintos medios de prensa y ofreció refugio en su hogar a quienes eran perseguidas durante la última dictadura cívico-militar. Ella fue una sobreviviente del centro clandestino de detención El Rincón de Milberg, en Tigre, conocido sitio de represión ilegal de la época.
“Este fue un momento muy feo para nosotras, entraban a tu casa y te llevaban sin motivo”, recordó Fanny.
Este período significó para ella una experiencia atravesada por el miedo constante y la incertidumbre.
“Sentías un alivio momentáneo, pero también un terror permanente de no saber si ibas a poder contarlo”, expresó.
Desde muy chica tuvo que abandonar su hogar en busca de nuevas oportunidades. Su primera salida de Santa Fe fue a sus 17 años y desde allí no paró hasta alcanzar su meta de ser quien quería ser. Durante su paso por Buenos Aires, vivió experiencias que marcaron profundamente su historia. Entre dificultades y aprendizajes, comenzó el camino para construir la vida que deseaba y expresar libremente su identidad. Sobre ese recorrido, afirmó:
“Buscar mi verdadero yo me costó tiempo, dignidad y dinero”.
Foto de : archivo personal. Fanny y sus amigas.
A lo largo de su vida, su objetivo fue estudiar y formarse en una carrera. Sin embargo, la discriminación que enfrentó por su identidad de género, a partir de la década de los 70, dificultó ese proceso. Pese a ello, contó con el acompañamiento de su familia, aunque debió enfrentarse a los prejuicios y al “qué dirán”. Ella recordó: “Siempre me enseñaron a respetar en mi casa, y siempre lo hice y esperé que lo hicieran conmigo, aunque a veces no pasaba”. Durante la última dictadura también sufrió persecuciones y distintas formas de violencia. En diálogo con Minitas en Foco, relató que los militares detenían a mujeres trans y a hombres gays para someterlos a abusos.
“Nos agarraban a las chicas trans para diversión de ellos; el sexo oral y el jugueteo eran moneda corriente”, recuperó.
Ella remarcó que escapar de las situaciones de violencia constantes y, al mismo tiempo, mantenerse trabajando de manera informal era muy difícil. Recordó que debía despedir a sus compañeras que morían o que, incluso «las hacían desaparecer y no podías preguntar nada». Ante tantas despedidas, decidió dejar atrás Buenos Aires, como un escape ante lo que se le acercaba.
Con su llegada a Córdoba, la vida le dio un giro inesperado, pero a la vez necesario. La oportunidad de empezar a estudiar llegó como un nuevo comienzo. Se formó en habilidades de curar y ayudar a los demás por medio del espiritismo y la brujería para la sanación. “Además de ser un trabajo formal para mí, sentí que estaba preparada para hacer esto para siempre”, mencionó. Desde entonces, se dedicó a la curandería, la videncia y la lectura del tarot.
Fanny nunca logró insertarse en el mercado laboral formal y consideraba que el cupo laboral travesti-trans representó un avance, aunque todavía queda un largo camino por recorrer. “Hace falta que la gente deje de juzgar y acepte que también son personas comunes y corrientes”, sostuvo. Al mismo tiempo, reconocía que, si bien ser una persona trans continúa siendo difícil, las nuevas generaciones enfrentan una realidad diferente. Expresó que “las compañeras trans ahora la tienen más fácil, nosotras tuvimos que luchar con sangre para ser respetadas”.
Para Fanny, el reconocimiento de las personas travestis como sobrevivientes del terrorismo de Estado representó una conquista colectiva, fruto de años de lucha por la memoria y la justicia.
“Queríamos ser reconocidas como sobrevivientes, lo merecemos”, comentó con una mirada de pasión por su lucha.
Su historia estuvo atravesada por la resistencia, la solidaridad y la búsqueda permanente de reconocimiento. Fanny falleció en enero de 2024, dejando un legado que continúa inspirando a nuevas generaciones.
“A las nuevas generaciones les pido encarecidamente que vivan y dejen vivir, sean respetuosas con los demás, respeto ante todo, valoración y reflexión por lo que nos tocó vivir a las más antiguas de las chicas”.
Un mensaje que resume el sentido de su recorrido y la importancia de mantener viva la memoria para que esas violencias no vuelvan a repetirse.
La vida de Fanny fue resistencia:
abrir camino a las que vienen.
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