Mi nombre es Amancay Maya Rigert y nací en el año 2000, el 6 de enero, en la pequeña ciudad de Antigua Guatemala. Cuando tenía un año de vida, dejamos mi tierra natal, por lo que solo tengo recuerdos difusos de ella que armé a través de álbumes de fotos y por lo que me contaron mis padres. Sé que le dicen a Antigua la ciudad de la eterna primavera y que nací en el centro de parteras Ixmukané, la diosa maya de la fertilidad.
Provengo de una familia poco tradicional, con una madre chilena, un padre suizo y un hermano mayor argentino. Hasta mis 6 años de edad, vivíamos viajando en una combi Volkswagen violeta por América. Desde muy chica me vi confrontada con múltiples culturas y realidades, lo cual fue gestando en mí una profunda necesidad de comprender la diversidad y la amplitud que alberga el mundo. Al ser criada en una familia multicultural, crecí hablando español, alemán y suizo alemán, lo que hizo que tuviera cierta facilidad con los idiomas y me interesara mucho por ellos.
En el año 2008, el viaje que hicimos a la India marcó en mi vida un antes y un después, porque allí es donde conocí lo cruel de las diferencias sociales, lo bello de los colores y lo profundo de las creencias espirituales. Aprendí que la comunicación va más allá del lenguaje y que el valor de la vida es quizás más simple de lo que creemos. En mi diario de viajes iba narrando todas mis experiencias y tomaba fotos de todo lo que me llamaba la atención, lo cual incluía tanto lo bello del Taj Mahal, una de las siete maravillas del mundo moderno, como lo duro de la gente que vivía en las calles y la horda de niños que pedían limosnas.
La escritura se volvió una herramienta esencial en mi vida, con la cual podía liberarme a través de palabras y reconstruir los hechos importantes. Desde que tengo uso de razón anoto, ya sea algún pensamiento, una canción, un poema o hago catarsis en mi cuaderno. A mis 16 años de edad, en plena rebeldía, cuando sentía que nadie me entendía, descubrí que a través de las letras podía entenderme más a mí misma y al mundo que me rodeaba.
En el año 2019, decidí darle voz a mi niña interior que siempre quiso defender la verdad y empecé a estudiar en la Universidad Nacional de Córdoba, en la Facultad de Comunicación Social. La carrera me nutrió en muchos aspectos sociales y teóricos, pero también comprendí que el aprendizaje profundo se da en la vida misma. Elegí la orientación en gráfica para alimentar a mi espíritu que le encanta investigar, escribir noticias, entrevistar a fin de acercarse un poco más a las múltiples realidades. Aunque a veces tenga ganas de dejar todo para viajar, sigo acá porque todavía no perdí la fe en el periodismo y quiero recibirme. Me gustaría en un futuro trabajar como periodista, para darle una oportunidad a ese sueño que tuve de niña. Aunque el futuro es incierto, sé que la escritura siempre me va a acompañar en el camino de la vida.

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