Me llamo Martina Báez, soy una estudiante de 24 años que aspira a ser periodista. Crecí en San Cristóbal, un barrio que pasa bastante desapercibido en la capital del país. Sin embargo, siempre fui apasionada e hiperactiva, por lo que tenía la necesidad de recorrer y descubrir las cosas del mundo.
Desde chica me inculcaron el hábito de la lectura: mi madre siempre me llevaba a recorrer las librerías cerca de mi barrio, buscando algo que estimulara mi imaginación. Poco a poco descubrí que la mejor forma de explayar toda esa creatividad era escribiendo. Miles de lápices, de cuadernos y de ideas fueron plasmados y motivados por esa ambición de querer ser escritora algún día. Sigo siendo igual de soñadora y creo en esa Martina que quería dejar algún tipo de huella en el mundo, con sus ocurrencias y sus sentimientos a flor de piel.
Con el pasar del tiempo, sentía que las circunstancias de la vida me alejaban cada vez más de mis sueños. Sentía una gran desmotivación por el mundo y por mis capacidades: intentaba escribir, pero nada me convencía, el autoboicot era algo cotidiano y empecé a guardarme todo para adentro. Sin embargo, la ola de feminismo de 2018 cambió mi perspectiva completamente: me hizo interesarme por muchos movimientos sociales y empezar a leer periodismo activista en redes. Potenció esa idea de que las palabras influyen y que con ellas puedo dejar mi granito de arena. Es muy difícil cambiar las estructuras sociales ya establecidas, pero elijo informar a las personas para que puedan replantearse las cosas desde su cotidianidad y deconstruir ciertas problemáticas sociales que aparecen desapercibidas y/o normalizadas.
Terminé el secundario y decidí dar un giro de 180°, vine a vivir acá a Córdoba para arrancar de cero en otro lugar lejos de mi casa, pero con la convicción de que esto es a lo que me quiero dedicar. En varias ocasiones, me preguntaron: “¿Por qué decidiste estudiar en Córdoba y no en Buenos Aires?” La respuesta es simple: porque lo sentí así. Quería encontrar mi lugar y, al mismo tiempo, pesó bastante en mi decisión el hecho de especializarse en un área. Si bien el mundo de la comunicación es fascinante y abarcativo, sostengo que el saber escribir es la base de todo, y es la orientación que me va a permitir adaptarme a distintos formatos y trabajos. Aspiro a no únicamente dedicarme a la gráfica, pero sí a que sea “mi fuerte”
Nunca dudé en estudiar en una Universidad Pública, porque creo que es donde uno realmente puede conocer otras realidades y donde puede desarrollar su pensamiento crítico, de una forma más profunda e introspectiva. Particularmente, la FCC tiene un ambiente que me enamoró apenas hice el ingreso: la calidad de la gente, esa energía e intensidad colectiva que me genera mucha serotonina, los espacios de debate que interpelan y que te hacen cuestionar todo. Me hace sentir que ese es mi hogar, y que puedo contar con gente que comparte cierta mirada de la vida ante la austeridad del mundo.
Movilizada por todo lo dicho anteriormente, sigo convencida de que hice las elecciones correctas para llegar hasta donde estoy. Busco desinhibirme a través de las palabras, expresar mis pensamientos y opiniones para demostrarme a mí misma que soy capaz de lograr grandes cosas y, por sobre todo, poder generar algo en el otro y transformar el mundo desde la propia reflexión.

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